La Unasur se encuentra sumida en la parálisis y al borde de la extinción

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La Unasur no logra superar su parálisis. Ya pasó más de un mes desde que seis países decidieron abandonar el organismo de manera indefinida y aún no se ha logrado elegir a su secretario general. Paradójicamente, la crisis de la Unasur ocurre justo cuando es urgente fortalecer la unidad ante las políticas impulsadas por el Gobierno de Donald Trump.

Fuente: Sputnik

Por: Ariel Noyola Rodríguez

Un golpe más contra la integración regional. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se encuentra sumida en la parálisis y al borde de la extinción. El organismo se encuentra detenido desde hace ya un tiempo, bloqueado por sus propias reglas de funcionamiento: todas las decisiones se toman por consenso, es decir, basta con que un solo país no esté de acuerdo para echar abajo una iniciativa. Por esta razón, a mi juicio, el anuncio lanzado el pasado 20 de abril, cuando seis países tomaron la decisión de abandonar la Unasur de forma indefinida no es sino el preludio de un tiro de gracia.

Todo apunta a que atrás quedaron los años de gloria de la Unasur. Durante la década de los 2000, la unidad e integración sudamericanas vivieron uno de sus mejores momentos. En noviembre de 2005, la región había sido testigo del desmoronamiento de uno de los proyectos más ambiciosos de dominación hemisférica impulsado por el Gobierno de EEUU: el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se había echado abajo en Mar del Plata (Argentina). Menos de tres años más tarde, el 23 de mayo de 2008, en la ciudad de Brasilia (Brasil), se firmó el acta constitutiva de la Unasur.

La idea de la Unasur surge, entre otras cosas, por la necesidad de pronunciarse como una sola voz en el concierto internacional. Antes de la Unasur se había constituido la Comunidad de Naciones Suramericanas en 2004, impulsada por el expresidente de Brasil Fernando H. Cardoso. Es que, tradicionalmente, en las reuniones de los países latinoamericanos participaban los representantes diplomáticos de EEUU. Por ello, para la región resultaba urgente dar un salto hacia adelante: para hacerse respetar, necesitaba conquistar su autonomía política frente a las grandes potencias.

Así, la Unasur se constituyó en el símbolo de las aspiraciones de una época. Había que articular un gran frente que hiciera posible la segunda independencia de los países de la región. Había que poner un alto a las injerencias de las grandes potencias. Había que encontrar la fórmula de administrar mejor los recursos naturales y las reservas monetarias a fin de impulsar proyectos de integración de manera conjunta. Había que sumar esfuerzos para combatir la pobreza y la desigualdad. Los países sudamericanos estaban llamados a convertirse en protagonistas de su propia historia.

De acuerdo con el artículo 2 de su tratado constitutivo, la Unasur tiene por objetivo “construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados”.

Su tratado constitutivo se firmó en 2008, sin embargo, no fue sino hasta el 11 de marzo de 2011 cuando entró en funcionamiento. La Unasur no es un bloque de integración económica en sentido estricto, pues no está regida por un acuerdo de libre comercio. La Unasur no es sino un organismo de concertación política de carácter intergubernamental, orientado a promover proyectos de integración. Además de una secretaría general y Consejos conformados por jefes de Estado, ministros de Relaciones Exteriores y delegados, la Unasur está integrada por un cuerpo de 12 Consejos Sectoriales.

Cada uno de estos Consejos trabaja en áreas específicas para articular proyectos conjuntos. Las áreas en las que se ha venido trabajando en los últimos años son muy variadas e incluyen, entre otras: energía, defensa, salud, desarrollo social, infraestructura, economía, finanzas, educación, cultura, ciencia y tecnología. Un imponente edificio construido justo en la mitad del mundo, a unos 14 kilómetros al norte de la capital ecuatoriana, alberga hoy la sede permanente de la Secretaría general.

Es menester garantizar un ambiente de confianza mutua. Por eso, una de las tareas de la Unasur ha consistido en promover el diálogo político a fin de salvaguardar la paz y la estabilidad regionales. El papel desempeñado por el organismo en varias de las crisis políticas ocurridas en el continente ha resultado decisivo. Basta recordar, por ejemplo, que meses después de la firma de su tratado constitutivo y, ante la matanza de Pando (Bolivia), la Unasur envió una comisión de derechos humanos encabezada por Rodolfo Matarollo para distender el conflicto.

En el año 2010, cuando el Gobierno de Rafael Correa plantó cara a una rebelión policial, la Unasur se hizo presente para salvaguardar el orden democrático. Ya con Néstor Kirchner como secretario general, la Unasur fungió como mediadora entre los Gobiernos de Hugo Chávez (Venezuela) y Juan Manuel Santos (Colombia). Finalmente, y no por ello menos importante, fue la suspensión de Paraguay como integrante de la Unasur tras el golpe de Estado contra el presidente Fernando Lugo.

Por otra parte, vale la pena destacar que, si algo ha caracterizado a los grupos de expertos que han trabajado para la Unasur, es su mirada visionaria. Mucho antes del lanzamiento del banco de desarrollo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), al interior de la Unasur se discutió intensamente sobre la necesidad de contar con instituciones y herramientas propias.

La Unasur organizó un equipo de expertos para diseñar una arquitectura financiera acorde con la realidad sudamericana. La gravedad de la crisis global de 2008 había puesto de relieve la urgente necesidad de poner en marcha instituciones como el Banco del Sur y el Fondo del Sur para salir mejor librados del temporal financiero. El equipo de expertos dirigido por Pedro Páez también discutió la posibilidad de lanzar una Unidad Monetaria Suramericana, una unidad de cuentas que podría usarse como referencia y que tenía la ventaja de ser mucho más estable en comparación con el dólar.

Aunque los logros de la Unasur no han sido pocos, muchos de sus proyectos más importantes se quedaron en el papel. En parte por la regla del consenso, que ha impedido la aprobación de muchas de las iniciativas, pero también por la oposición de poderosos intereses empresariales. Esta inercia ha servido como un pretexto utilizado por varios de los Gobiernos de orientación conservadora que, sin más, hoy acusan a la Unasur de haberse convertido en una ‘tribuna de discusión ideológica y política’.

Comparto la opinión de Ernesto Samper, último secretario general de la Unasur, de que la extinción del organismo sería un ‘suicidio histórico’. El colapso de la Unasur sólo conviene a quienes creen que la unidad de la región es una amenaza. Lo cierto es que la Unasur nunca se posicionó como un organismo ‘anti-estadounidense’, como sostienen muchos de los medios de comunicación, sino como el esfuerzo de construir un espacio de diálogo orientado a dar respuesta a las necesidades regionales.

Ha pasado más de un mes desde que los Gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay anunciaron su decisión de salir de la Unasur por tiempo indefinido y aún no existe ningún indicio de que vaya a realizarse una reunión para reactivar el organismo. Ellos dicen que su salida es sólo temporal y que, una vez elegido un secretario general, el organismo volverá a contar con el apoyo de sus 12 integrantes. Sin embargo, persisten muchas dudas sobre sus supuestas buenas intenciones.

No me parece obra de la casualidad que hayan dado a conocer su decisión justo después de la VIII Cumbre de las Américas y antes de que se llevara a cabo la elección presidencial venezolana. No es poco probable que hayan recibido fuertes presiones de EEUU para profundizar el aislamiento regional del Gobierno de Nicolás Maduro. El argumento de que su salida indefinida obedece a que todavía no se ha elegido un secretario general es, sospechoso, por decir lo menos, ya que no es levantándose de la mesa de negociaciones como se construyen los consensos, sino intensificando el diálogo.

En definitiva, hay que defender la integración regional y combatir la campaña de desprestigio lanzada desde los medios de comunicación tradicionales contra la Unasur. Las políticas impulsadas por el Gobierno de Trump hacen de la Unasur un organismo indispensable en estos momentos. La región sudamericana necesita fortalecerse en todos sus frentes. Hay que promover la confianza y el respeto mutuos. No es a través de las descalificaciones y la imposición de sanciones como se resolverán los conflictos, sino mediante un diálogo abierto que busque el entendimiento. Y para eso existe la Unasur.