Minería de oro, violencia y contaminación avanzan sobre ríos del Amazonas

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Fuente: Vigilante amazónico

fuente: ODECOFROC. Anexo Aintam (comunidad Huampami).En ese mismo lugar se han instalado 10 dragas. y otras en Mamayaque y Kayamas. 

El 13 de agosto último un grupo de empresarios mineros, de lado de autoridades indígenas de la zona, ingresaron a la comunidad awajún de Canga, en el distrito del Cenepa, solicitando el apoyo comunal para la instalación de maquinarias para extracción de oro en el lecho del río, en parte de sus territorios.

Según reporta la Organización de desarrollo de las comunidades fronterizas del Cenepa (ODECOFROC), la propuesta causó el rechazo de la mayor parte de la comunidad, sobre todo de las mujeres awajún de Canga. Durante la reunión se produjo un violento enfrentamiento entre los promotores mineros y los indígenas que se oponen a la extracción. La disputa culminó en amenazas y un clima de tensión que se mantiene en la comunidad.

Esta escena es cada vez más frecuente entre las comunidades awajún de las riberas del río Cenepa, en el bosque de Amazonas. En Kayamas, Huampami, Mamayaque y otras comunidades; decenas de pequeñas dragas, maquinarias y embarcaciones transportando insumos van apareciendo y operan abiertamente a lo largo del río, sin temor a represalias.

 

Desde hace algunos años ODECOFROC viene denunciado el incremento de estas actividades en sus ríos. Incluso, la organización indígena ha realizado sus propias interdicciones sobre dragas y maquinarias instalada en sus territorios. La organización indígena denuncia la contaminación de sus aguas, la depredación del bosque, la afectación de sus medios de vida y los enfrentamientos y violencia entre comunidades y familias awajún; que la minería de oro causa en sus territorios.

Sin embargo, los beneficios económicos que esta actividad va generando para algunos comuneros del Cenepa, resultan un adversario difícil de vencer. Según reporta ODECOFROC, la modalidad utilizada en la zona empieza con la aparición de empresarios “apash”, es decir de mestizos o no-awajún, provenientes de otras provincias que logran alianzas con líderes locales, que abren el camino hacia la comunidad. Los empresarios prometen repartir el 10% de las ganancias para la comunidad, otro 10% para los comuneros sobre cuyas parcelas se instalen las dragas y maquinarias, y finalmente el 5% para los trabajadores que se sumen a la operación conformada por hombres de fuera y algunos jóvenes de familias locales.

“Los mineros se burlan de nosotros, nos dicen muertos de hambre. Ellos sacan 70 gramos, hasta 180 gramos diarios. Día y noche están operando. Por gramo pagan 100 soles, entonces la gente se ha vuelto loca, es un montón de plata, estamos asustados de lo que va a pasar”, señala Augostina Mayan, presidenta de ODECOFROC.

La organización indígena awajún presentará una denuncia formal exigiendo la interdicción de las actividades ilegales en la zona.

Junto con el Cenepa, la minería ilegal y los impactos que deja a su paso, van avanzando lentamente sobre los ríos de esa parte de la Amazonía norte, como el Santiago y el Morona, afectando el territorio, el bosque y la vida de los pueblos awajún y wampis.

La llegada de la industria minera en la Cordilllera del Cóndor influenció en su momento un cambio aspiracional entre los más jóvenes, que ahora se refleja en la expansión de actividades ilegales como la tala y la minería en el Cenepa. El ingreso de la minería ilegal también parece haber fomentado la explotación de menores, pues al recorrer la zona es posible ver a niños y niñas trabajando en la extracción. Si bien este aún no es un problema de la misma magnitud que en otros lugares del país, como Madre de Dios, es urgente enfrentarlo antes de que adquiera proporciones incontrolables.

Más allá de las interdicciones, las organizaciones indígenas y sus comunidades hacen un llamado a las autoridades correspondientes para lograr diseñar e implementar, de manera conjunta, soluciones reales a este problema.